Este micro relato forma parte de los relatos que escribí en octubre de 2001, aun bajo el trauma vivido con los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York. Publicado originalmente en un grupo de amigos en internet, bajo el título original "La búsqueda de la Verdad", narra una historia personal en el ámbito de los atentados. Publicado bajo seudónimo de Yoshiro Kawakaze.
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Liberty llevaba
muchos años buscando su verdad: ¿porqué estaba en la tierra?. A sus 32 años
nada la satisfacía lo suficiente, ya que no comprendía por que dios la había
mandado al mundo cuando ella no era feliz.
No era feliz con John, ni con sus
padres, ni con su trabajo de camarera en el restaurante con las vistas más
espectaculares de Manhattan, ni con sus estudios de filosofía, ni con su
aspecto, ni ... con nada.
Ella tenía que
estar allí por algo, por algo más que el simple hecho de estar. No podía tener
hijos, ya que la habían quitado un quiste hace años, y John no quería adoptar
uno. A lo mejor era eso lo que ella necesitaba,... o no.
Limpiaba las
mesas con rabia mal contenida, mientras una lágrima se deslizaba por su
mejilla. Los clientes habían empezado a llegar desde hacía unos minutos y ella
tenía que sonreír cuando no le apetecía.
‘Tengo un
problema gordísimo. Tengo que firmar el acuerdo tal y no estoy seguro de querer
firmarlo...”. Banalidades para ella... Ese estúpido pensaba que sus problemas
eran grandes y no tenía ni idea de lo que era sufrir. Tal vez lo mejor fuese
terminar con todo ya... ¿Como sería tirarse al vacío?. Seguro que pasaría
rápido y todo habría acabado... Pero, ¿delante de toda esa gente?. No, no podía.
Así que se giró, apartando la vista de la ventana para evitar la tentación.
Volvía sobre sus pasos hacia el mostrador, a rellenar la cafetera, cuando sonó una terrorífica explosión y los cristales de la ventana
la bañaron con su frío tacto. Luego se sintió en el suelo, húmeda y entumecida,
con el sabor de su propia sangre en la boca y el sonido de los gritos de
auxilio en sus oídos. Levantó la cabeza sin entender y contempló a la gente corriendo
enloquecida de un lado a otro. Algunos no se levantaban. Sintió un creciente
calor a su espalda y se giró. Las llamas le llenaron de horror, aunque todavía
tardó en reaccionar unos segundos, los que tardó en llegar un joven ejecutivo
rubio y fuerte que la abrazó y la levantó. Ella le miró a los ojos,
profundamente azules, y vio el miedo en aquella hermosa mirada. Con una
tranquilidad que jamás habría pensado tener en una situación así, y aún no
comprendiendo bien lo que había ocurrido, sintió la necesidad de ser ella quién
calmase a aquel hombre: “Tranquilo, no pasa nada grave. En un rato nos
rescatarán”. No podía creer estar diciendo eso, ya que lo que realmente deseaba
era no ser rescatada, pero sentía que una confusión le subía desde el estomago
y desembocaba en su garganta en un “¿Como te llamas?”. El respondió,
visiblemente nervioso que Sam. Y entonces volvió a cruzar sus ojos con los de
ella y se dio cuenta de la tranquilidad que le inspiraban, así que se dejó
llevar, y comenzaron a conversar. Allí estaban absortos al resto del
mundo, hablando para darse ánimos, casi ausentes de los gritos, llantos y
suicidios que se producían a su alrededor. Sólo el murmullo que decía que un
avión había chocado contra la torre les llegaba.
Repentinamente,
otro fuerte estallido les arrojó a un lado y un enorme cúmulo de humo y fuego creció hasta su altura. La otra torre estaba también en llamas, pero para ellos
comenzaba a no ser importante. Ella había encontrado en la profundidad de aquellos ojos azules su verdad. “Si”. Se dijo a si misma- “él podría ser por lo que quiero vivir”. Y le besó.
El se dejó
besar, ya que aquél beso le inspiraba tranquilidad en aquél terrible trance que les tocaba vivir... una tranquilidad que realmente había experimentado desde el mismo instante en que sus ojos se cruzaron. Así pasaron el tiempo,
abrazados, ajenos al resto de acontecimientos, hasta que el sonido de la torre
uno resquebrajándose y cayendo les sacó de su sueño. Y ella dijo: “Sam, por ti deseo vivir”. Él la miró nuevamente, y por su mente pasó, cruel y brutal, la
escena de su cierta muerte. Así que la volvió a abrazar. Una lágrima rodó por
su rostro hasta el suelo. Cogió un cristal grande y afilado, y con su mirada dulce y azul le aseguró que estarían juntos para siempre. Ella entrecerró sus ojos mientras la sangre abandonaba su cuerpo a través de sus
cortadas venas. El calor era sofocante. Ella murió con una sonrisa como jamás
había tenido. Luego, y mientras que la torre empezaba a ceder, Sam la cogió en
brazos y corrió hacia la ventana, lanzándose al vacío cuando el edificio comenzaba a
caer.
Así Liberty
conoció su verdad.

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