lunes, 5 de diciembre de 2016

La búsqueda de Liberty

Este micro relato forma parte de los relatos que escribí en octubre de 2001, aun bajo el trauma vivido con los atentados de septiembre de 2001 en Nueva York. Publicado originalmente en un grupo de amigos en internet, bajo el título original "La búsqueda de la Verdad", narra una historia personal en el ámbito de los atentados. Publicado bajo seudónimo de Yoshiro Kawakaze.

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Liberty llevaba muchos años buscando su verdad: ¿porqué estaba en la tierra?. A sus 32 años nada la satisfacía lo suficiente, ya que no comprendía por que dios la había mandado al mundo cuando ella no era feliz.

No era feliz con John, ni con sus padres, ni con su trabajo de camarera en el restaurante con las vistas más espectaculares de Manhattan, ni con sus estudios de filosofía, ni con su aspecto, ni ... con nada.

Ella tenía que estar allí por algo, por algo más que el simple hecho de estar. No podía tener hijos, ya que la habían quitado un quiste hace años, y John no quería adoptar uno. A lo mejor era eso lo que ella necesitaba,... o no.

Limpiaba las mesas con rabia mal contenida, mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla. Los clientes habían empezado a llegar desde hacía unos minutos y ella tenía que sonreír cuando no le apetecía.

‘Tengo un problema gordísimo. Tengo que firmar el acuerdo tal y no estoy seguro de querer firmarlo...”. Banalidades para ella... Ese estúpido pensaba que sus problemas eran grandes y no tenía ni idea de lo que era sufrir. Tal vez lo mejor fuese terminar con todo ya... ¿Como sería tirarse al vacío?. Seguro que pasaría rápido y todo habría acabado... Pero, ¿delante de toda esa gente?. No, no podía. Así que se giró, apartando la vista de la ventana para evitar la tentación.

Volvía sobre sus pasos hacia el mostrador, a rellenar la cafetera, cuando sonó una terrorífica explosión y los cristales de la ventana la bañaron con su frío tacto. Luego se sintió en el suelo, húmeda y entumecida, con el sabor de su propia sangre en la boca y el sonido de los gritos de auxilio en sus oídos. Levantó la cabeza sin entender y contempló a la gente corriendo enloquecida de un lado a otro. Algunos no se levantaban. Sintió un creciente calor a su espalda y se giró. Las llamas le llenaron de horror, aunque todavía tardó en reaccionar unos segundos, los que tardó en llegar un joven ejecutivo rubio y fuerte que la abrazó y la levantó. Ella le miró a los ojos, profundamente azules, y vio el miedo en aquella hermosa mirada. Con una tranquilidad que jamás habría pensado tener en una situación así, y aún no comprendiendo bien lo que había ocurrido, sintió la necesidad de ser ella quién calmase a aquel hombre: “Tranquilo, no pasa nada grave. En un rato nos rescatarán”. No podía creer estar diciendo eso, ya que lo que realmente deseaba era no ser rescatada, pero sentía que una confusión le subía desde el estomago y desembocaba en su garganta en un “¿Como te llamas?”. El respondió, visiblemente nervioso que Sam. Y entonces volvió a cruzar sus ojos con los de ella y se dio cuenta de la tranquilidad que le inspiraban, así que se dejó llevar, y comenzaron a conversar. Allí estaban absortos al resto del mundo, hablando para darse ánimos, casi ausentes de los gritos, llantos y suicidios que se producían a su alrededor. Sólo el murmullo que decía que un avión había chocado contra la torre les llegaba.

Repentinamente, otro fuerte estallido les arrojó a un lado y un enorme cúmulo de humo y fuego creció hasta su altura. La otra torre estaba también en llamas, pero para ellos comenzaba a no ser importante. Ella había encontrado en la profundidad de aquellos ojos azules su verdad. “Si”. Se dijo a si misma- “él podría ser por lo que quiero vivir”. Y le besó.

El se dejó besar, ya que aquél beso le inspiraba tranquilidad en aquél terrible trance que les tocaba vivir... una tranquilidad que realmente había experimentado desde el mismo instante en que sus ojos se cruzaron. Así pasaron el tiempo, abrazados, ajenos al resto de acontecimientos, hasta que el sonido de la torre uno resquebrajándose y cayendo les sacó de su sueño. Y ella dijo: “Sam, por ti deseo vivir”. Él la miró nuevamente, y por su mente pasó, cruel y brutal, la escena de su cierta muerte. Así que la volvió a abrazar. Una lágrima rodó por su rostro hasta el suelo. Cogió un cristal grande y afilado, y con su mirada dulce y azul le aseguró que estarían juntos para siempre. Ella entrecerró sus ojos mientras la sangre abandonaba su cuerpo a través de sus cortadas venas. El calor era sofocante. Ella murió con una sonrisa como jamás había tenido. Luego, y mientras que la torre empezaba a ceder, Sam la cogió en brazos y corrió hacia la ventana, lanzándose al vacío cuando el edificio comenzaba a caer.


Así Liberty conoció su verdad.

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