Esta historia breve la escribí en 2001, pocos días después de los atentados ocurridos en Estados Unidos. Bajo el título inicial de "El Dios Repugnado", lo publiqué el 2 de octubre de 2001 en un foro de amigos, bajo el seudónimo de Yoshiro Kawakaze. Espero que os guste.
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Un plácido día
de Septiembre, estaba dios haciendo sus cuentas mientras comía una nube de
algodón dulce. Pronto sería época de lluvias en una parte del planeta tierra y
estaba planificando su llegada para que no hubiese ningún error en los cálculos
y se provocase algún tifón o huracán. Estaba ensimismado mientras un grupo de
almas jugaba al fútbol con una nube especialmente mullida. De repente, un
fuerte estallido le hizo salir de su ensimismamiento.
Se asomó a su
balcón y observó atentamente. No parecía que hubiese nada grave, nada más grave
que lo normal: gente que se mata una a otra por cualquier motivo, atropellos,
secuestros, hambre y guerra. Lo habitual... Pero no, ya que unos minutos más
tarde lo habitual se convirtió en terrorífico. Otra explosión le permitió ver
un montón de humo que cubría lo que los hombres llaman Nueva York. Así que bajo
un poco para ver mejor y lo que contempló, le puso la piel de gallina... Dos
aviones se habían llevado por delante las torres donde algunos hombres
trabajaban y muchos estaban muriendo. Pensó que podía hacer, cuando vio que
otro avión descendía en otro punto cercano para estrellarse contra el lugar
donde uno de los ejércitos de hombres planificaba sus acciones. Alargó su mano
para impedir el choque, pero lo que escuchó le paralizó: “Ala es grande” se
gritó desde el avión antes de impactar contra el edificio.
¿Porqué le
habían nombrado?. El era Dios, Yavhé, Alá, ... muchos nombres para un dios...
¿Acaso alguien volvía a matar en su nombre?. Esos hombres están locos... ¿Pero
como pueden pensar que él quiera la muerte?. Entonces escucho lo mismo en otro
avión cercano, y se percató que iba a repetirse lo anterior, así que lo golpeó
con su mano y lo derribó. Para entonces sus migrañas habían crecido de forma
espectacular ante el alarido de los miles de almas que estaban subiendo de
golpe desde las torres, que se habían derrumbado.
Allí quedo dios,
observando y pensando que había hecho el para merecer eso. Y aquí que en los
días siguientes todo se complicó. La gente vitoreaba la ejecución del atentado
y le nombraban adjudicándole la destrucción de las torres. En otro punto un
millonario dirigente árabe brindaba en su nombre por la victoria. En otro lugar le pedían que bendijese a los que iban a tomar venganza... y mientras las almas
de los hombres ascendían preguntándole ¿porqué?.

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