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| In memorian. Thor (2004 - 2017) |
El mar embravecido rugía con fuerza aquella mañana. Las olas
subían a buena altura, golpeando con fuerza antes de morir junto a la orilla
pedregosa donde jugueteaban aquellos perros. Verlos era un placer, a pesar del
viento y de lo nublado del día; los más valientes se arriesgaban a meterse en
el agua ligeramente, sacudiéndose para secarse tras cada nueva ola.
Dos rotweiller jugaban a batallar, simulando que se mordían,
cortando sólo su juego para reírse de los chiguagua y el perro de aguas que
tonteaban con sus juguetes junto a la orilla, sin atreverse a meterse en un
agua que consideraban demasiado salvaje.
Los amos charlaban amigablemente, arrojando de forma
ocasional los juguetes al agua… Las olas los devolvían con fuerza, evitando que
aquellos peludos tuviesen que arriesgarse en aquel mar bravo.
Entonces, ocurrió el desastre… una pelota roja, la del perro de
aguas, voló demasiado lejos. La perrita, ya que era una hembra, intentó entrar
al agua, cada vez más embravecida. El terror la invadió y se dio la
vuelta sin arriesgarse, mientras las carcajadas de los rotweiller inundaban sus
oídos, burlándose de ella. Los amos no se percataban del creciente peligro para
aquella pelota, que sustraída por la resaca, comenzaba a huir hacia el gran
azul. Sus gritos (piiii... socorro, piiii… salvadme) apenas si eran
perceptibles para los perros, con los rotweiller entregados a la risa y sus
juegos, y con los chiguagua intentando animar a la perrita para que se
arriesgase a cogerla.
La pelota roja, comenzaba a no poder más… su color se
perdía ya, lejos de la orilla, sometida por las constantes olas, por un mar
implacable que la reclamaba para si… Entonces ocurrió… apareció el.
Con su color marrón y plata, su pelo rizado, aun humedecido
por el agua de las olas que sacudían contra la orilla, aquel pequeño yorkshire,
que apenas levantaba unos centímetros del suelo, se irguió desafiante sobre una
gran piedra, rompiendo con su figura el fondo de nubes, mirando con decisión al
bravo mar. Ladró para indicar a la perrita que el salvaría a la pobre pelota,
lo que llamó la atención de los amos, y, sobre todo, de los rotweiller, que
empezaron a revolcarse de la risa que les entró.
Desde abajo, los rotweiller le ladraban insultos y
groserías, seguros que aquel pequeño sería incapaz de cumplir su último "guau" a
aquella triste perrita, a punto de perder su pelota. Fue entonces cuando aquel
pequeño peludo hizo acopio de todo su valor, y se arrojó con bravura al agua. Cuando su cabecita emergió de las oscuras aguas, entre la espuma
de las olas, los rotweiller dejaron de reír, y se quedaron con los ojos muy
abiertos mirando el desesperado heroísmo de aquel pequeño. Los chiguagua ladraron
con aprobación, vitoreando a aquel gigante de pequeño tamaño, mientras los amos
se llevaban las manos a la cabeza y gritaban a aquel desdichado que regresase.
Pero el héroe había emprendido su camino a la eternidad, y
estaba dispuesto a regresar con su premio, o morir en el intento. Nadando con
fuerza, sorteando las batientes olas, tragando mucha agua, pero sin
desfallecer, nadó durante varios minutos… la fuerza de la corriente comenzaba a
notarse, y la pelotita se alejaba cada vez más de la orilla.
Ya le animaban hasta los rotweiller, cuando el héroe alcanzó
a pelotita. Aprovechando un golpe de mar se impulsó adelante y la atrapó en su
boquita. Pelotita roja exclamó un piiii de agradecimiento, antes que aquel
yorki girase sobre si mismo y pusiese rumbo a la orilla. Fue en ese momento
cuando se percató de lo lejos que estaba, y de la fuerza de la corriente que
tiraba de ellos hacia el interior. Suspiró con fuerza, antes de batir sus
patitas con renovados bríos, animado en la lejanía por los amos y los perros
que, ya sin diferencias, ladraban con fuerza.
Durante unos segundos consiguió, lentamente, avanzar
evitando las olas que golpeaban a su alrededor con fuerza. La pelotita le
ahogaba, en su intento por no desprenderse de su rescatador. Una gran ola los
cubrió completamente, sumergiéndolos bajo un manto de agua; los espectadores
aguantaron la respiración durante varios segundos. Nada se veía, parecía que el
mar había reclamado al héroe y a la pelotita para si. Pero los vítores y
ladridos se renovaron con fuerza cuando la cabecita apareció entre las oscuras
aguas, aun con el rojo de la pelota entre sus dientes.
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| Dos ángeles que juegan en el prado celestial. Kira (2002 - 2017) y Thor (2004 - 2017) |
El héroe remó y remó, cada segundo más cerca de la orilla,
derrotando a los enemigos que le surgían, fuese la resaca o las olas, plantando
cara a la misma dama blanca con fiereza, hasta alcanzar la orilla, donde,
agotado depositó a pelotita, antes de sacudirse para mojar a todos los que le
rodeaban entre vítores.
Y tal como llegó, erguido y firme como el más grande de los
perros, marchó, meneando su colita mientras los rotweiller, alucinando le
bautizaban… Es el rotweiller de bolsillo, allí va, directo hacia la eternidad.
Dedicado con todo mí cariño al pequeño THOR, aquel gran
compañero, ese gran héroe. Ya eres eterno.



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